jueves, 4 de enero de 2018

Los otros que me habitan (2017), de Paco Huelva.





Este año me he propuesto salir un poco de mi lóbrega cueva de clásicos para mostrar impresiones de otras novelas que me llegan. Me someto a un nuevo ejercicio crítico.

A Paco Huelva solamente lo conozco por twitter, pero da la talla del perfecto caballero. Paco Huelva escoge el campo, y a las gentes ancladas a él por el destino. No se ven las sombras hormigonadas de la ciudad por ningún lado, no hay televisión, mucho menos internet. En cuanto al tiempo, no lo sabemos muy bien, algunas veces nos vemos en el momento presente, pero la mayoría navegamos por un mar revuelto e intemporal. Sobre los otros que habitan esos pueblos del interior Paco Huelva desata su mirada despegada y omnisciente. Usa de la propia lengua de cada hombre para presentárnoslo en el momento crucial de su vida, enfrentado a la muerte o, lo que es peor aún, a la comidilla de sus vecinos.
Es la navaja, fría y afilada, la que viene a traernos la solución:

Por eso fui a casa a por la navaja de padre, la de cachas rojas y brillantes, la que sabe sola lo que hay que hacer y con la que mi viejo mandó al otro barrio a unos pocos. Ella sabría por dónde entrarle para cortarle el aliento.

Los relatos son todos cortos, algunos incluso puede que se ajuste a la categoría de microrrelato. A mí personalmente me han gustado más los largos, donde veo al autor que se suelta. Un hombre de honor, La forastera, o Segundo piso, izquierda.
Ya avisa en el prefacio con los fragmentos escogidos:

Es el defecto humano de hablar demasiado
En cuanto nos dejan hablar
STEFAN ZWEIG, CLARISSA.

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros;
El de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta
exposición oral cabe en pocos minutos
JORGE LUIS BORGES, FICCIONES

Siento que el humor es negro, ácido, una mirada sarcástica sobre una sociedad vil e hipócrita. No palpo pesimismo sino comprensión del destino que se abate sobre pobres de solemnidad, gente sin posibles, ladrones, sinvergüenzas, prostitutas, proxenetas y ¡clientes! Pero la broma no es capaz de disimular la tragedia, impulsora de la obra:

He largado a guantazos y a patadas a la mujerada llorona que se había instalado en casa, que no sé si gemía por ti o por quien durante tiempo les sirvió de coartada, para no morirse de asco en este lugar al que nunca debimos llegar y de donde ya nunca nos moveremos. Y eso es lo que hay, hija mía. Aquí estamos los tres: tú muerta, con mi nieto muerto, y yo preguntándome si he de matarme ahora o cuando os deje enterrados.

Para terminar, la enhorabuena para Editorial Niebla, que ofrece una edición cuidada tanto en lo interior como en lo exterior, y el plus que ofrecen los dibujos de Víctor Pulido.

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