jueves, 1 de septiembre de 2016

Un experimento crítico. El filo de la navaja, de Somerset Maugham.



Llegué a esta novela por recomendación, aunque luego que lo pienso quizás me recomendaron sus relatos. No sé, desde luego que no voy a volver a probar fortuna porque ya he tenido suficiente Maugham para mucho tiempo.
No os miento si os digo que comencé la lectura ilusionado, pues contiene un prólogo interesante en el que se menciona a Henry James (Incluso a su hermano William James con respecto a su trabajo en el terreno de la psicología). En fin, menciones literarias haylas, pero van cayendo como todo en su obra, de forma liviana y desubicada.
No os negaré que yo también tengo prejuicios. Cuando comencé a leerla lo anuncié en twitter a bombo y platillo, ¡condenadas manías! Hubo opiniones para todos los gustos, algunas demasiado entusiastas. Me quedo con la frase de un tuitero que, a mi manera de ver, hizo la mejor crítica literaria que he leído en mucho tiempo: “A los veinte me pareció apasionante. No he vuelto sobre ella.”
En cuanto me acerqué a la Wikipedia y observé que había tenido un éxito de ventas increíble desconfié sobremanera. De ahí fui a Google a buscar alguna que otra reseña; tuve escaso éxito, así que me quedó claro que Somerset Maugham no había superado el escollo del tiempo.
Entonces me planteé, quizás me vino a la memoria la broma de algunos escritores que dicen que hay que leer de todo, malo y bueno, gracias a lo cual seguí adelante en la lectura. El prejuicio gobernaba en mí, naturalmente. En algún lado leí que Maugham era el maestro del cliché, y ya solo veía descripciones y más descripciones, personas que entraban en la novela para luego desaparecer por la puerta de atrás, descripciones de una o dos frases en las que se me daban detalles como el peinado y el color del pelo, o la forma de la nariz. Pero también se describían las habitaciones, los restaurantes, los jardines. Entonces me di cuenta de que podía leer sin enterarme de lo que leía y que tampoco pasaba nada, la trama la seguía sin problemas, y entonces quizás, y sólo quizás, entendí el éxito de sus novelas. Son fáciles de leer, uno entra en la trama y no necesita observar un elevado grado de concentración al tiempo que no hay dilemas morales de enjundia que vengan a perturbarnos. Todo sucede como en un cuento de hadas en el que se huele un final feliz.
No lo sé porque no he sido capaz de terminarla.
Para nada me considero un crítico literario, pero ¿no recordamos las grandes novelas por sus personajes inolvidables?, desde Barry Lyndon a Holden Caufield pasando por Julián Sorel. ¿Recordaré yo a Larry, un muchacho simpático, listo y de buena familia que se alista en el ejército como voluntario y que vuelve un poco afectado por la experiencia? No sé, a mí me gustan esas novelas con personajes trastornados, como el memorable jugador de ajedrez de La defensa, de Nabokov, el gran Luzhin. Ni siquiera me es necesario acordarme de sus nombres, el caso que los personajes nunca los olvidaré, como al protagonista de Hambre, de Knut Hamsun, o al orondo portador de la gorra verde en La conjura de los necios. Y si no los olvidaré nunca es porque se trata de personajes que me creo; de alguna manera el escritor ha conseguido pintarlos igual de reales que las personas de carne y hueso que me rodean a diario. En cambio Larry, a Larry no me lo creo. No llega de la guerra con un trastorno por estrés post-traumático ni mucho menos, llega tocado porque ha visto la muerte y busca a Dios. ¡Venga hombre!, Larry no parece de carne y hueso, no se le ve angustiado, no sufre de trastornos de ansiedad, es un ser moderado, pulcro, bondadoso, digamos que mitológico, que recorre un mundo invisible a su pureza. No encuentro comparación entre los mortales a no ser que hurgue en las religiones y mencione a Confucio, Buda o Jesucristo.
No me hagáis mucho caso, quizás exagero. En realidad esta reflexión no se trata sino de un experimento crítico. Además, quién soy yo para hablar de una novela de éxito semejante, para más inri cuando ni siquiera he llegado al fondo de la historia. El caso que el abandono fue firme. Andaba inmerso en su lectura cuando me topé con una frase de Oscar Wilde que me decidió por abandonarlo de inmediato: “Cuando un libro no se disfruta al releerlo una y otra vez, es que no merece la pena leerlo en absoluto”.

6 comentarios:

  1. No exageras en tu crítica. Por Facebook me enteré de que pensabas leerla y de que preguntaste qué tal. Ahora no recuerdo si intervine para decirte que no perdieras el tiempo con ella o me quedé solo en pensarlo. De cualquier modo, si estamos en plan positivo, hasta las novelas mediocres aportan algo, por lo menos una manera de cómo no hay que escribirlas. Somerset Maugham ha envejecido mal, pero no solo se advierte en esa obra. Me he leído alguna más y flaquea por varios lados.
    Un abrazo, Rubén.

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    1. Pues no sabes cómo se agradece tu comentario Ángeles.
      Solamente vierto opiniones, y siempre hay quien disiente. Trato de justificar la crítica pero no tengo muchas herramientas por el momento ;-)
      Como bien dices todo aporta. La verdad que en esta ocasión me forcé a seguir leyendo porque consideré que hacer una crítica me iba a servir para aprender en la tarea.

      Un abrazo¡¡

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  2. Interesante, como siempre. De hecho, esa novela era una de las que tengo apuntadas para este año, no he leído nunca a Maughan y tenía curiosidad. Me viene bien el aviso para cuando la encare.
    Estoy de acuerdo, es bueno leer malos libros para quien escribe. No solo por aprender lo que no hay que hacer, sino porque sus argumentos flojos, en ocasiones, pueden llevar la semilla de una buena historia por escribirse. Saludos y gracias por estos momentos de LITERATURA con mayúsculas.

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    1. Yo solamente opino, y pienso que los grandes éxitos no son buenos consejeros para el escritor que empieza, en número increíble hoy en día. El escritor novel cree, y con buen tino, que puede emular ese estilo ramplón del best-seller, e incluso superarlo. El problema que la génesis de un best-seller es compleja y suele ser fruto o bien de la suerte o bien de los contactos personales del autor. Es un tema complejo. Para aquellos que pretenden escribir bien no hay mejor profesor que los clásicos.
      Un abrazo David :)

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  3. Lamento vuestra opinión en su momento fuí un forofo de Somerset Maugham. M'encantan sus relatos cortos i sus obras( no hemos de olvidar que muchas fueron grandes exitós en la pantalla grande). En aquella las descripcions del lugar eran correctes. Segurament no estabmos acostumbrados a verl la televisió que ofrece a los ojos el espectaculo visual. Has leido a Nercè Rodoreda o el Quijote.

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    1. Muy buenas Miquel.
      No hay que lamentar las opiniones de los demás, pues en definitiva dejo bien claro siempre que yo opino desde una reflexión más o menos elaborada y no solamente puedo equivocarme sino que tampoco tengo pretensiones de alcanzar la verdad.
      Tengo un blog de clásicos paralelo y opino de los clásicos sin los academicismos habituales de la universidad o la crítica literaria, para mí casi inexistente por cierto. No consideré que Somerset tuviera cabida entre mis clásicos, me parece que no tiene argumentos técnicos para estar al lado de Lampedusa, Henry James o Tolstói.
      De todas maneras, aquí es buen lugar para sacar las virtudes técnicas de Maugham. Que sea este blog un lugar abierto para la discusión...
      Un fuerte abrazo
      Rubén

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