martes, 15 de mayo de 2018

Tertulias literarias.



Las tertulias literarias pueden constituir un revulsivo contra el tedio cotidiano o, según se mire, un buen vomitivo. Nos pueden servir, naturalmente, para entender la sátira de Gógol o de Swift, y para corroborar el porqué de la vigencia de los clásicos, pues la estupidez más grotesca reina hoy igual que ayer, y son los mismos los que campan a sus anchas.

Todo esto viene al caso de la tertulia de ayer (insisto, ayer puede referirse a mayo de 2018 igual que a febrero de 1817 o marzo del 56 a. C.). Andaba yo enfrascado preparando leches con nesquik para los críos y rebozando calabacín, la radio como fiel compañera, cuando me sorprendió una improvisada tertulia literaria.

El tertuliano jefe es un prohombre, uno de esos periodistas que se adueñan de la sección cultural de un periódico de prestigio y que lo mismo desbarra sobre pintura o música que sobre política y sociedad. Sus palabras se ven siempre corroboradas por maravillosos acontecimientos, un día fue su participación en el mayo del 68 y esta noche en concreto tocaba la entrevista que tuvo el honor de hacerle a Borges. ¡Borges! ¡El gran Borges! Y entonces el tertuliano se desató echando pestes a la situación de la literatura contemporánea mundial. Ya no se lee, dijo, y cuando se lee se lee mal. ¡La literatura ha muerto! Ya nunca más saldrán escritores de la talla de Borges, y si sale alguno nadie será capaz de entenderlo. Es tal la decadencia que no hay lectores capacitados, nadie provisto de luces para apreciar la alta literatura. Ahora se estila otro tipo de literatura, de masas, exenta de calidad. El Smartphone, internet… ¡nos hemos quedado sin lectores! ¡Oh, el Apocalipsis!

Philip Roth y Cormac McCarthy, pruebas vivientes de que hoy se escribe tan bien como en el siglo XIX

La verdad que exagero un poco. Quizás fue tan solo un arrebato. No hubo nadie presente para decirle: «Todo tiempo pasado fue mejor». También puede ser que los tertulianos presentes pertenecían al gremio de la economía, o simplemente que no habían leído a Cicerón. También puede ser que su prestigio obnubilara al resto, o que el buen señor hablara muy alto y no mereciera la pena ponerse a discutir. Desde luego que yo no me hubiera atrevido a contradecirle, y eso que soy de la opinión contraria porque pienso que hoy se lee más que nunca. Lo digo sin miedo a equivocarme. El analfabetismo en España es un recuerdo del pasado y nunca hubo en el mundo tantos lectores ni tantas ventas de libros. El acceso al libro se ha visto multiplicado con la tecnología digital. ¿Que se lee mal? Completamente de acuerdo pero ¿cuándo se leyó bien? Hace más de cuatrocientos años un tal Cervantes se mofó con clase de sus colegas lectores, que no leían otra cosa que novelas de caballerías, Herman Hesse o C.S. Lewis han teorizado, ya en el siglo XX, y con gran acierto (con controversia, naturalmente), sobre esa actividad tan fascinante que es la lectura.
No me atrevo a hablar de un futuro más o menos cercano. En literatura no hay verdades fundamentales y quien las busca es digno heredero de Indiana Jones. No seré yo quien critique a aquel que dedique su vida a buscar el Santo Grial.

3 comentarios:

  1. De acuerdo con el artículo,Rubén. Las tertulias, por lo general, son provincianas (conozco alguna) y dirigidas por algún hiperventilado gurú tuerto entre ciegos. Tienen algo de aula universitaria antigua, con algún profesor desactualizado y/o de miras cortas, aposentado en la endogamia de su magisterio y sentando cátedra sin que le rechisten quienes no sabrían cómo hacerlo. O quienes, en el mejor caso, no se atreven, para que no redunde luego en su currículum si osan enfrentársele.

    En cuanto al artículo anterior, yo soy uno de los “lectores snob” que prefieren libros nuevos. No me gusta el papel amarillo, salvo que la amarillez invada los bordes solamente. Eso implica que el libro físico (como su contenido, a veces) resistió con heroísmo el pasar del tiempo, con algunas (pocas) cicatrices.

    Además, soy del “club de la tapa dura”, lo cual no sé si entra en la categoría de snob. O si, incluso, es extensible a mi cabeza.

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    1. Supongo que el tertuliano se caracteriza por su "saber hablar" más que por otro criterio, pero tengo que decir que cuanto más me indignan las tertulias más cumple la radio con su función, que es entretener y no dormir.
      En cuanto al artículo anterior... la categoría "snob" es muy complicada de definir. Yo no lo catalogué, sino que fue él... Yo, desde luego, que miro a tengo en cuenta a los libros al igual que a las personas, por el interior, y el exterior, mientras no se me deshaga en las manos, vale. De otro modo no me hubiera metido con el negocio de los libros de segunda mano.
      Y por último, lo de las tapas duras... harina de otro costal, y motivo de nuevas entradas. Será un placer que muestres tu desacuerdo ;)
      Abrazo

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