martes, 14 de marzo de 2017

Apócrifos, de Karel Capek (1920-1938)




Capek, como Wells, es uno de los pioneros de las “novelas de anticipación”. Preocupado por los vertiginosos acontecimientos de su tiempo, la Primera Guerra Mundial, el ascenso del nazismo, la pujante sociedad de masas, lleva a cabo interesantes especulaciones éticas y sociales. Capek, además, fue el primero en usar el término “robot” en una de sus exitosas obras dramáticas.
Apócrifos es una colección de relatos cortos de lectura suave y pasajera, sin reflexiones elevadas. Dado que no dispongo de mucho tiempo últimamente, la corta extensión de los relatos me ha facilitado su lectura.
Los relatos están estructurados en orden cronológico. Los hay que tocan protagonistas de la mitología griega, escenas bíblicas, tanto del viejo como del nuevo testamento. Los protagonistas son Prometeo, Alejandro Magno, Arquímedes, Lázaro, Pilatos, Don Juan, Atila, Hamlet o Napoleón; a través de una sátira costumbrista se desmitifican con sarcasmo tanto hechos como protagonistas de la historia de la humanidad.
Usa de un estilo desenfadado, muy común, y habla con naturalidad de los defectos humanos, del egoísmo, de la vanidad, de la adulación, la avaricia o la envidia.
Por ejemplo está el relato Lázaro durante el cual el beneficiado por el milagro sabe que tiene que ir a ayudar al Galileo, que ha sido encarcelado, pero tiene miedo, y el miedo lo retiene, tiene miedo a morir de nuevo y es tanto el miedo que renuncia y no acude en su ayuda, muestra del desagradecimiento más absoluto y humano.
En otro relato, Sobre los cinco panes, un panadero habla sobre Jesús con honda admiración por sus obras de caridad y la cura de enfermos. Sin embargo, seguidamente se queja de que por obra divina multiplica los panes y da de comer a miles de personas. Que multiplique los peces no le importa, pero lo que no puede soportar es que de la nada fabrique el mejor pan mientras que él tiene que trabajar y pagar los correspondientes impuestos. Así que, concluye:
 
Me da lástima, pero eso no estoy dispuesto a consentirlo. ¡No puede ser!

Desde luego que hemos presentado una queja a Ananías y al Gobernador por violación de las leyes industriales y por incitar a la rebelión, pero ya sabe usted cómo van las cosas en esos lugares. ¡Hasta que se decidan a hacer algo! Usted me conoce, vecino. Soy un hombre comedido y no busco pelea con nadie, pero si Él viene a Jerusalén seré el primero en salir a la calle y gritar: ¡Crucificadle! ¡Crucificadle!

Sin alardes técnicos, sin profundidad, una lectura prescindible que no merece entrar en mi selección de clásicos.

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